Dudas, preguntas y retos

Los inicios de cualquier periodo de tiempo suelen ser siempre grandilocuentes declaraciones de buenos principios a cumplir o realizar. Ampulosas enumeraciones de conductas, en la mayoría de las ocasiones, sin sentido. Altisonantes deseos convertidos en inciertas realidades. Los comienzos son listas interminables y mentirosas de promesas que no vamos jamás a cumplir.

Todo esto se multiplica de manera exponencial cuando el inicio es el de un nuevo año. Nos mentimos para engañarnos. Nos regalamos mentiras que nunca se van a convertir en realidad. Encadenamos buenos propósitos con el único fin de demostrarnos a nosotros mismos que, durante un breve periodo de tiempo, vamos a comernos el mundo.

Todos los proyectos de comienzo de año llevan aparejada una gran dosis de cinismo. No somos sinceros con nosotros y queremos, de nuevo, engañarnos con falsas promesas que nos hacemos. Y lo peor es que, año tras año, caemos en nuestra propia trampa. Sabemos que nos mentimos, pero nos volvemos a fiar de nosotros mismos y de nuestras falacias.

Es momento de dar pasos, pequeños, pero que sean avances que nos permitan crecer. El título de este artículo encierra toda una declaración de principios. Os propongo tres caminos.

En primer lugar, las dudas.

Dudas que hagan que todo se tambalee bajo nuestros pies. Dudas de todo y de todos. Avanzar para que las dudas presidan el pensamiento. Dudar es cuestionar todo para analizar y estimular el pensamiento. Dudar es abrir la mente a opiniones y opciones nunca planteadas y tan válidas como las que ahora defendemos.

Dudar es pensar en otra clave que no es la que domina nuestra conciencia. Es dejar la habitualidad a un lado y adoptar nuevos conocimientos. Nuevos senderos por los que nunca nos hemos aventurado.

En segundo lugar, las preguntas.

Para dudar hay que preguntar y preguntarse. Hacerse preguntas es explorar terrenos desconocidos o pasear por el mismo camino con otro calzado. Preguntar la razón de una decisión y también preguntar por los motivos contrarios. Preguntar para aprender, tanto con la interrogación como con la respuesta. Preguntar para que nuestro interlocutor exponga sus ideas, las defienda y las compartamos. O no.

Preguntar es avanzar en busca de respuestas. Diferentes, agradables o incómodas. Preguntar para pensar.

Y, por último, aun teniendo la máxima importancia, los retos.

Los retos son el acicate que nos mueve diariamente. Pueden ser sencillos, amables, cómodos o complejos, pero siempre deben ser ambiciosos. Un reto es un estímulo para respirar vida.

Debemos plantearnos qué queremos hacer y cómo lo vamos a efectuar. El éxito no se encuentra en muchas ocasiones en la meta que alcanzamos si no en el camino que recorremos.

Debemos marcarnos retos que nos animen a despertar. En ocasiones serán simples, cotidianos, familiares. En otro momento, difíciles, delicados o espinosos.

Tener retos es tener ilusión por llegar a nuestro propio destino. Esta vez sí es real. Los retos amoldan lo que queremos a lo que vivimos.

Comienza un nuevo año, mi propuesta: dudas, preguntas y retos. Todos los días.

Imagen © CdZ